Tláhuac es el hogar de pueblos originarios que conservan recetas intactas de la época prehispánica. La herencia de lagos, canales y chinampas se refleja magistralmente en una gastronomía única que aprovecha todo lo que la tierra y el agua proveen. El platillo típico de este territorio es el mixmole, un espeso mole verde o rojo preparado originalmente con pescado o aves silvestres en su jugo.
Tulyehualco, la capital del dulce tradicional capitalino, cuenta con maestros dulceros que tuestan con maestría la semilla del amaranto para crear las crujientes alegrías bañadas con miel de piloncillo, pepitas y pasas. Calles de este pueblo ofrecen vitrinas repletas de dulces de calabaza en tacha, higos cristalizados y exuberantes cocadas. Temporadas de calor atraen a las neverías de la plaza principal para refrescar a locales y foráneos con exquisitas nieves artesanales, destacando en el mes de noviembre la exclusiva y aromática nieve de pétalos de cempasúchil.
Avenidas principales y las inmediaciones de la zona de trajineras albergan fondas que sirven tamales de charal, quesadillas gigantes rellenas de huitlacoche y sesos. Visitantes que se adentran en el histórico Mercado de San Pedro Tláhuac descubren un paraíso de antojitos donde las cocineras tradicionales preparan tlapiques —pescado sin masa envuelto en hojas de tamal y cocinado a las brasas— y el clásico revoltijo de romeritos. Opciones de comida reconfortante abundan en sus pasillos, compitiendo dignamente con las fondas más aclamadas del centro gracias a la inigualable frescura de sus ingredientes, cultivados a escasos kilómetros de distancia en la zona chinampera.
Zonas aledañas a la estación del metro Tláhuac y el centro de la alcaldía concentran una gran oferta de garnachas, tlayudas y quesadillas que satisfacen cualquier antojo. Locales entrañables como La Chalupa conquistan a los comensales con sus aclamadas tlayudas de chapulines y pambazos bien doraditos. Sabores hogareños se disfrutan en Las Cazuelas de Don José, famoso por sus abundantes tacos de guisado donde brilla la cochinita con frijol y el mole verde. Barrios como San Francisco Tlaltenco y Zapotitlán no se quedan atrás en esta ruta del sabor, destacando por su inmensa variedad de birrierías y espacios clásicos como la Taquería Tlaquepaque.
Viajeros de todo el mundo atestiguan el verdadero esplendor gastronómico de la región durante las celebraciones de Día de Muertos en San Andrés Mixquic, un poblado que se transforma en un banquete monumental. Calles y plazas se inundan con el aroma del pan de muerto horneado con leña, mientras las familias comparten generosos platos de mole, peneques rellenos de queso y tamales para honrar a sus difuntos. Toda esta amalgama de sabores callejeros, rescate chinampero y nuevas propuestas confirma que el suroriente de la capital resguarda un patrimonio culinario invaluable.