Miguel Hidalgo representa el maridaje perfecto de la escena gastronómica en la Ciudad de México, donde la cocina de autor, los platillos internacionales y el sabor tradicional se entrelazan para ofrecer una experiencia insuperable.
La zona de Polanco, representativa por su avenida Presidente Masaryk y calles aledañas, alberga a verdaderos gigantes de la culinaria mundial. Aquí brillan los laureados restaurantes Pujol y Quintonil, que ostentan la mayor cantidad de estrellas Michelin en el país gracias a su ejecución milimétrica, servicio impecable y genialidad gastronómica. El primero, comandado por Enrique Olvera, fascina al mundo entero con su icónico elotito tierno bañado en mayonesa de café y hormiga chicatana, además de su célebre mole madre. El segundo, dirigido por Jorge Vallejo, conquista a los paladares internacionales mediante su magistral uso de la herbolaria y los huertos locales, destacando su espectacular centollo en pipián verde de semillas de girasol y las refrescantes nieves de nopal. Además, la cocina contemporánea de esta zona expone otros rincones del sabor, como Cuerno Masaryk, un asador de alto nivel famoso por sus impecables tacos de fideo, pulpo a las brasas y un asado de tira que se deshace en la boca, o los salones de Rosa Negra Polanco con su fastuosa variedad de comida latinoamericana.
Las Lomas de Chapultepec suman a las propuestas de autor recintos como Carmela y Sal, donde la aclamada chef Gaby Ruiz sorprende al comensal con sus mentiras —tostadas de coco que emulan carne a la perfección— y unos exquisitos canelones de plátano macho rellenos de frijol que rinden tributo a su natal Tabasco. Otro referente es la Hacienda de los Morales, recinto colonial donde el paladar viaja en el tiempo degustando finos escamoles al ajillo, tersa sopa de flor de calabaza y sus famosos chiles en nogada. El Cardenal, también en la zona de las Lomas, convierte el desayuno en un ritual consagrado gracias a sus natas frescas, conchas recién horneadas y un exquisito chocolate batido. Fanáticos de la culinaria regional encuentran su meca en Guzina Oaxaca, un rincón que traslada los aromas del sur a Polanco mediante espectaculares tlayudas crujientes y un complejo mole negro con guajolote. Sabores del mar reclaman su territorio en espacios como Bismarkcito, que rinde honores a Baja California con mariscos inigualables, mientras establecimientos como Sonora Grill Prime aseguran un festín carnívoro con cortes añejados de primer nivel.
Opciones de comida de banqueta en el corazón de Polanco presumen joyas como El Turix, un espacio que atrae a diplomáticos y oficinistas por igual para compartir sus legendarios panuchos de cochinita pibil. La tradición de más de setenta años de Los Panchos en la colonia Anzures sigue dictando cómo debe saber el auténtico taco de carnitas empapado en salsa verde, complementando las opciones con su indiscutible calidez hogareña.
Nuevos proyectos han logrado fusionar el comal y el rigor técnico, colándose con éxito en las recomendaciones Bib Gourmand de la Guía Michelin; por ejemplo, Siembra Tortillería rinde un tributo absoluto al maíz criollo con tacos espectaculares de la pesca del día, mientras el minúsculo pero poderoso Comal Oculto en San Miguel Chapultepec eleva las gorditas y el suadero a un nivel de sabor excelso. Conceptos mucho más desenfadados como El Pescadito democratizan el antojo marino con sus rebosantes tacos quesototes, demostrando la inmensa versatilidad y el diálogo constante de la zona.
Mercados tradicionales como El Chorrito despachan a diario inmensas tortas e interminables cacerolas de tacos de guisado, mientras que el histórico Mercado de Tacuba abraza a sus visitantes con su delicioso mole de olla. Cuando cae la noche, el mapa culinario muta hacia la mixología de clase mundial: Limantour Polanco deslumbra con su icónica y refrescante Margarita al Pastor, y el misterioso Jules Basement —un bar speakeasy oculto tras la puerta de un refrigerador— ofrece coctelería de autor en un ambiente clandestino de los años veinte. Madrugadas de fiesta inevitablemente culminan en Tacubaya, donde la mítica taquería El Borrego Viudo alimenta a los desvelados directamente en sus autos, despachando veloces órdenes de tacos junto a inmensos vasos de tepache frío, confirmando que la sofisticación y el sabor de barrio no compiten, sino que se funden magistralmente.