Un refugio ubicado en el norte de la capital que defiende su estatus de peña acústica y espacio de trova frente a las opciones de entretenimiento nocturno masivo. Tras el cierre histórico de su antigua sede en la colonia Roma Norte, el recinto consolidó sus operaciones en el corazón de Lindavista.
La oferta sonora se centra de manera exclusiva en la nitidez del sonido orgánico de la guitarra acústica y la voz. El formato permite una complicidad horizontal donde el público solicita canciones directamente al músico en el entarimado, corea las letras a un volumen suave que no opaca al intérprete y presta atención al contenido de la trova contemporánea, el canto nuevo y la música social iberoamericana.
La clientela está conformada por parejas, estudiantes de los campus universitarios del norte de la ciudad y grupos de amigos que buscan conectar intelectualmente a través del folclor musical. El comportamiento general exige respeto tácito por el intérprete, silenciando las pláticas grupales durante la ejecución de las canciones para no entorpecer el mensaje de la guitarra.
La pequeña barra despacha rondas continuas que se alinean con la tradición de las peñas sudamericanas: jarras de vino tinto preparadas con rodajas de fruta fresca, cervezas artesanales locales y cervezas nacionales oscuras. El menú ofrece acompañamientos y bocadillos, destacando los antojitos de preparación rápida, cortes de quesos y carnes frías pensadas para no generar humo de parrilla ni olores fuertes en el interior del salón cerrado.
El acceso al interior implica el abono de un costo de recuperación o cover directo en la puerta, dependiendo de la programación. La afluencia de su público leal, el aforo de las sillas se completa de manera rápida, propiciando un ambiente denso de tertulia y bohemia para iniciar la noche.
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