El espacio consiste en una habitación rectangular con pisos de duela de madera pulida, ventanales amplios con vista a la calle y espejos perimetrales que aportan amplitud visual. El diseño prescinde de zonas reservadas o mobiliario VIP, centrando la distribución en un área abierta para facilitar el baile libre.
El perfil sonoro está dedicado estrictamente a la salsa cubana, la bachata y ocasionalmente ritmos como la kizomba. A diferencia de los clubes con orquesta masiva, El Babalú opera principalmente con DJs y selectores especializados que programan música enfocada en los tiempos correctos para el baile estructurado de escuela. El equipo de sonido distribuye la música de manera uniforme por la sala.
La comunidad que frecuenta el lugar está compuesta en su mayoría por alumnos de academias de baile de la ciudad, residentes de la zona y aficionados avanzados a los ritmos latinos. La pista fluye con respeto por el espacio de las parejas ejecutando secuencias coordinadas. La ropa es casual y cómoda, con fuerte presencia de calzado de baile profesional con suela de ante.
La barra ofrece un servicio estándar enfocado en destilados básicos, cervezas nacionales y coctelería sencilla. Los precios se alinean con la oferta promedio del barrio de la Condesa. El consumo de alcohol no es el foco principal de la visita, por lo que no hay presión por parte del personal de servicio para solicitar botellas enteras.
El cobro en la entrada suele ser moderado e incluye el acceso a las actividades de clase previa. Es un espacio seguro, bien ventilado y con un ambiente diseñado específicamente para el baile técnico.