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Ofrendas de Día de Muertos

Fotos: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0)

La colocación de la ofrenda es una de las ceremonias más importantes del rito del día de muertos. Con varios días de anticipación la gente hace sus preparativos comprando todo lo que utilizará para honrar a sus muertos. 

Mientras se colocan las ofrendas, los familiares y amigos del o los difuntos conversan, rezan y cuentan sucesos en la vida de aquellos en honor de quienes levantan la ofrenda.

Los componentes básicos que dan significado a las ofrendas son los siguientes:

El agua. Nuestros ancestros la consideraban elemento de vida. La ofrecían para mitigar la sed pues se creía que los muertos llegaban sedientos después del largo viaje. Actualmente, conserva el sentido de purificación.

El pan. Es el alimento fraternal que se ofrece al amigo, al hermano. En la época prehispánica no se conocía el trigo pero se ofrecían alimentos con el infaltable maíz como las “gorditas”. 

En la actualidad muchas personas elaboran el pan que incluyen en su ofrendas. Generalmente tiene dos formas:

    • La redonda con un agujero en el centro conocido como “gollete”. Este pan es de color rosa. Según algunos testimonios la forma circular de este pan representa el ciclo de la vida que inicia y termina en el mismo lugar. 
    • La forma de montículo son dos representaciones de huesos atravesados en su parte más alta.

Además del pan, en una ofrenda se incluyen también los siguientes elementos:

La sal. Se ofrece como un elemento de purificación para que el cuerpo no se corrompa.

Los cirios. En la era prehispánica se utilizaba el ocote encendido para ofrendar a los muertos y hasta hace relativamente poco eran encendidos en los zaguanes de las viviendas para hacer fogatas cuando no había cera. Ahora se colocan velas y la luz que irradian significa que hay fe y esperanza de que nuestros muertos vienen por el camino correcto. En los panteones, las velas sirven también para iluminar el regreso al más allá de los muertitos que vinieron a saludarnos.

Las flores. Siempre han simbolizado el amor, la gratitud y la amistad. Las blancas se ofrecen a los niños porque significan frescura y pureza. El cempasúchil cuenta con una historia más larga y recuerda al dios Tonatiuh “sol de mediodía”. Dice la leyenda que el  cempasúchil fue dado a los mortales por solicitud del dios Tenoch quien se sentía muy triste por la cantidad de muertos que hubo tras la conquista de la ciudad de Tenochtitlan. Atento a la petición de Tenoch, Tonatiuh hizo que al día siguiente aparecieran los campos cubiertos de flores amarillas.

Los juguetes. En la época prehispánica los muertos eran enterrados con sus utensilios para que durante su viaje al más allá tuvieran con qué servirse. Además se les enterraba con un perro “izcuintle” quien los ayudaba a cruzar el río caudaloso que los llevaba al Mictlan. Por esta razón es que en la ofrenda se incluyen actualmente juguetes de barro en forma de perrito y se sabe que algunos niños todavía se les entierra con sus juguetes de barro.

El incienso. Esta fragancia es el perfume de reverencia. Con él se rendía culto a los soberanos y se alejaban los malos espíritus. Hoy en día, el incienso es una elevación de la oración, a través del humo del copal se transmite el canto, el culto y el pensamiento del que ofrenda. 

El petate. Siempre está presente en la parte baja de la ofrenda simbolizando la mortaja con la que antes se enterraba a los muertos. Se utiliza también como mesa, porque en él se coloca parte de la ofrenda para que se compartan las bebidas y alimentos y convivan las almas de los parientes  y amigos difuntos.

El complemento de la ofrenda son los dulces, los cigarros, el tequila o el mezcal y todo aquello que gustaba a los difuntos cuando vivían. Se incluyen también frutas de temporada como naranja, caña, manzana y alimentos propios para adultos tales como michmole, mole, tamales de chile.

Info. del folleto: Flores Blavier, Patricia, Estela rojas Noguéz,
Culto a los fieles difuntos Mixquic, Tláhuac, 1993

Mexico City

Cultural Capital of the Americas

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